
Estuvo esperando todo este tiempo, todos estos años, 24 en realidad.
Descansando, posando plácidamente, esperando el viaje que me llevaría hacia el, ese paseo, esa aventura*.
Y lo conocí ahí, esa noche, en su territorio, al que le cantaba cada noche, territorio que para mí era solo una pequeña palma, pero para ese pequeño calcalí era un mundo, su mundo.
Me soltó varias notas, desde su inflada garganta, me saludaban, me daban la bienvenida, me preguntaban... ¿Dónde has estado?
Me permitió fotografiarlo, yo, más que emocionado, agradecido, extasiado, el seguía su aria nocturna, cantándome, yo maravillado, escuchando.
Llegó la madrugada, hora de acostarse, me acompañaba la serenata, invitándome a descansar, cabalgue en sus melodías, ya no estaba en una cama, era el Cielo, no dormía, vivía.
Gracias pequeño calcalí, muchas gracias pequeño coquí amarillo por esperarme.
* Muchas gracias a los Cimarrones, por el viaje, la compañia, la experiencia, y gracias Pedro por prestarme el 100mm.